Si hay algo que la vida enseña, es que aquà no hay nada fácil. Ni siquiera sencillo.
Desde que nacÃ, recuerdo haber tenido bastantes delirios de grandeza. Grandeza inocente, de crÃo pequeño. Todos de pequeños queremos ser los reyes del mundo. De este puto mundo.
Creces, y ves que el mundo se hizo demasiado grande para tÃ. Es como una enorme camiseta XXXXL para un niño de tu edad. Se dobla por encima de tus pies, el cuello a duras penas se sostiene en tus pequeños hombros, y eres totalmente incapaz de mover las manos sin enredarte en la camiseta y moverlas aún menos.
Creces, y crees que la camiseta ya no te viene tan grande. Es la historia de una vida: los adolescentes quieren comerse, literalmente, el mundo. Nada ni nadie es rival -y quizás tengan razón, los pobres- para un cuerpo tan lleno de energÃa y de ganas de vivir.
Y de golpe, un buen dÃa, comprendes que sÃ, que estas historias están de puta madre para enseñar vida a los chavales, que sÃ, que son la historia de tu vida, que joder que razón tiene el autor. Pero mierda, sólo asentimos como si la cosa no fuese con nosotros, con una sonrisa de “joder, a mi no me ha tocado, que suerte”. Mierda, ¿es que nadie lo ve?
Desde el dÃa en que comprendà que no hay ningún dios ahà arriba, que sólo tenemos nuestras manos, nuestro cerebro y poca cosa más. Somos simples animales asustadizos en un mundo que a duras penas empezamos a comprender. Pero somos cabezotas, nos empeñamos en que nosotros podemos hacerlo.
No sé los demás, pero yo no. Quiero, quiero, lo intento, joder si lo intento. Pero no. Esa misteriosa fuerza que yo a mà mismo me digo que tengo no aparece por ningún sitio. Esa habilidad para solucionar cualquier cosa que me repito mil y una veces que tengo no está, no existe, o no quiere salir.
Y si no puedo hacer nada de extraordinario, si no tengo nada que me diferencie de la millonada de personas que pueblan este mundo, entonces, qué mierda hago yo aquÃ, joder?
Qué cojones hago yo aquÃ, si no puedo tener ningún poder, ninguna habilidad ni nada extraordinario para estar con los mios, para estar junto a ella, para ayudar a quienes quiero, para ser, no sé. Más humano, quizá. O más dios. Ser mi dios, quizá. El rey del puto mundo.
may 17
febrero 8th, 2012 a las 3:54 am
Uyy… alguien tiene un mal dÃa. Espero que no sea debido a nada serio. Estas dudas existenciales las tenemos todos, eso está claro. A veces da la sensación de que nosotroso como individuos no somos nada, no tenemos relevancia ninguna. Pero no es asÃ. De golpe descubres que alguien lee lo que escribes y que puedes influir en su pensamiento, y todo cambia. Por mi parte, yo sà creo que hay un Dios por ahà arriba (de hecho, lo espero), y aunque tal vez sea una mera ilusión, la mera posibilidad de su existencia tranquiliza… En fin, nos estamos poniendo demasiado filosóficos para ser el dÃa del estreno del Episodio 3. ¡¡Que la fuerza te acompañe!! Yo estaré esta tarde en el estreno, como siempre. No me he perdido uno gordo en 5 años
febrero 8th, 2012 a las 3:54 am
Nada, que de vez en cuando me emociono demasiado con los posts.
Será la primavera.
febrero 8th, 2012 a las 3:54 am
Joder cariño, ¿nos habÃamos peleado este dÃa? Me has emocionado mucho muchÃsimo, me has puesto la piel de gallina. Esto no se hace sin avisar, joder. Para mi si que eres un rey, un gran rey que gobierna mi pobre corazón, que te quiere mucho muchÃsimo.